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Lucy Miranda: "Mi decisión no fue fácil, con 78 años fue como elegir entre la vida y la muerte".

  • Foto del escritor: Jessenia Castillo
    Jessenia Castillo
  • 20 jul 2021
  • 3 min de lectura

Lucy Adelina Miranda Garay nació en Cajamarca hace 78 años, en un lejano pueblo llamado Llapa, del que tuvo que emigrar junto a sus padres cuando apenas aprendía a escribir. Ella siempre fue una mujer conservadora, cuidadosa, y sobre todo, muy hogareña. Ya desde hace varios años que sus canas y arrugas develan el paso del tiempo por su mediano cuerpo, aunque el brillo de sus ojos y sus facciones risueñas se mantienen como si apenas dejase escapar los años veinte. Abuela y madre sobreprotectora, se enfrentó, como todos, a esta pandemia, hasta el momento que muchos de los que ya no están a causa de la COVID-19, seguramente quisieron vivir: la vacunación.


_ La vacunación fue algo que muchos esperaron y no pudieron ver.

_ Sí. Sobre todo, personas de mi edad, que ante cualquier enfermedad nos volvemos vulnerables, sensibles y corremos mucho más riesgo que los demás.


_ ¿Cuál fue su primera reacción cuando supo que la vacunación ya era un hecho en nuestro país?

_ Definitivamente lo primero que pensé fue "es una luz de esperanza", después de tantos meses de ver como aumentaban los contagios de esta enfermedad y de cómo la cifra de muertes se reportaba en la televisión como si se tratase de una noticia común y a la que todos debíamos acostumbrarnos.


_ ¿Pensó en vacunarse desde el principio o tuvo dudas?

_ En ese momento no asimilé por completo la noticia. Fue como sentir un alivio porque alguien de tu familia se va a curar o va salir bien de una operación; cualquiera, menos tú misma. Mi decisión no fue fácil. A mis 78 años fue como elegir entre la vida y la muerte.


_ Pero finalmente se vacunó.

_ Sí. Mis hijas tuvieron mucho que ver también en mi decisión. Aunque debo confesar que quienes más influyeron, fueron mis nietos. Yo por ellos haría cualquier cosa.


_ Coméntenos cómo fue esta experiencia. Sabemos que tuvo que seguir estrictamente los protocolos.

_ En la primera dosis no hubo mucha complicación porque el personal de salud vino hasta mi casa y me vacunaron. Claro, ellos cumpliendo todos los protocolos. Pero para la segunda sí fue toda una odisea. Al principio pensamos que de nuevo vendrían a casa, pero no, tuve que ir hasta el centro de vacunación y hasta ponerme un traje de protección porque mis nietos no me dejaban salir a la calle desde que inició la pandemia.


_ ¿Por qué fue como decidir entre la vida y la muerte?, usted misma dijo que la vacuna era una luz de esperanza.

_ Sí lo era y lo sigue siendo. Pero a mi edad todo se vuelve más complicado, hasta las cosas más sencillas o que parecen serlo. Vacunarme podría significar inmunizarme y continuar viviendo sin esa preocupación de contagio o recibir la primera dosis sin la esperanza de la segunda. Usted me entiende.


_ ¿Influyó mucho en su temor la información de algunos medios sobre reacciones adversas a la vacuna?

_ Vi algunas noticias al respecto cuando apenas los laboratorios empezaban a elaborar las vacunas y se hacían ensayos, incluso acá en Perú con los voluntarios de la vacuna china, y creo que no solo yo tuve temor. Incluso hay muchos que hasta ahora prefieren no acudir a los centros de vacunación.


_ Usted ha recibido ya las dos dosis. Podríamos decir que superó el miedo ¿Qué le diría a quienes aún desconfían?

_ Hay un miedo que no se supera nunca, y no es precisamente a una enfermedad, ni siquiera a la muerte. Es el miedo a imaginar que tus hijos o nietos mueran antes que tú. Creo que por ellos uno hace lo que sea y es eso lo que les diría a quienes dudan. Que lo hagan por quienes más aman.


_ Si pudiera cambiar algo de lo que pasó durante este casi año y medio de pandemia ¿Qué sería?

_ Sin dudar, cambiaría el destino de muchas personas que murieron a causa de esta enfermedad. Ese dolor para sus familias debió ser muy grande. Lo digo porque, aunque no perdí a ningún miembro de mi familia, sí tuve que resignarme a la noticia de que algunos de mis amigos partieron a los brazos del señor. Y para esa enfermedad, aún no hay vacuna.




 
 
 

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