Sobreviviendo a los tiempos de la pandemia
- Ruth Moreno

- 23 abr 2021
- 2 min de lectura
Actualizado: 11 may 2021
Zully Allemant es una joven peruana de 28 años que radica en el país de Chile hace 13 años. Ella trabajaba como supervisora de importación de productos medicinales y gracias a su empleo pudo lograr conseguir ingresos económicos estables.
Ella nos cuenta que el COVID-19 le perjudico radicalmente en su economía, ya que la empresa donde laboraba decidió cerrar por motivos de la pandemia. Zully estuvo desempleada por un periodo de 2 meses, cada día que pasaba aumentaba su angustia de ya no generar ingresos económicos, sobre todo de contagiarse de la nueva enfermedad y no tener dinero suficiente para suministrar su medicina.
En el mes octubre del 2020 la joven peruana tomo una decisión muy importante, impulsada por sus ganas de salir adelante y instaurar nuevamente sus ingresos económicos, decidió comprarse un carrito de raspadilla, nombrándolo “RASPADILLAS NIKI”; ella es la encargada de hacer sus jarabes y usualmente prepara una cantidad para una duración de dos días.
Ella nos comenta que sus días de ventas son los fines de semanas, donde se realizan las famosas ferias en el país de Chile, días donde suelen ir bastantes personas para abastecerse durante su semana. Para Zully, no fue nada fácil sus cuatros primeros días, sin duda era algo nuevo para ella y sobre todo tenía mucho miedo de contagiarse. Además, le incomodaba mucho la mascarilla ya que le dificultaba respirar con ella puesta, pero poco a poco se fue acostumbrando y perdiendo el temor de infectarse con el virus.
Cada vez las Raspadillas Niki se hacían más conocidas en las ferias, Zully había logrado su propia clientela. Ella se sentía muy feliz y orgullosa, no solo porque volvió a tener un ingreso económico estable, sino porque aprendió a vivir con esta enfermedad, se dio cuenta que la vida le puede poner distintos obstáculos, pero no son motivos para dejar de seguir adelante.
Actualmente Zully cuenta con 3 carritos de rapadillas, uno es trabajada por ella y los otros dos, por personas de confianza; cada uno tiene su punto de venta, al finalizar el día, y siempre se reúnen a contar lo recaudado. La joven peruana nos comenta que gracias al COVID-19 pudo sacar su lado empresario.





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